Un nivel moderado de impulsividad ayuda a ser decidido y a reaccionar con rapidez. Se vuelve problemática cuando impide alcanzar metas, daña las relaciones o afecta la salud (por ejemplo, con la tendencia a conducir de forma temeraria o las compras impulsivas).
Sí, los estudios muestran una relación moderada. Las personas impulsivas suelen tener un pensamiento “rápido” y disposición al riesgo, algo útil en profesiones creativas. Sin embargo, sin el control que aporta la planificación, estas ideas a menudo no llegan a concretarse.
Una impulsividad alta suele provocar estallidos de ira o palabras imprudentes de las que uno se arrepiente después. Conocer tu nivel en el BIS-11 ayuda a entender que las reacciones bruscas son una característica del sistema nervioso que se puede aprender a mitigar con ejercicios de “pausa” entre el estímulo y la reacción.
Esto se debe a la “impulsividad cognitiva”. La persona se entusiasma rápido con una idea nueva, pero en cuanto desaparece la novedad, el cerebro deja de segregar dopamina. El test de Barratt resalta este déficit de atención hacia los proyectos a largo plazo.