Se recomienda para niños y adolescentes de entre 10 y 17 años. En esta etapa, el niño ya es capaz de reflexionar sobre sus acciones. Los estudiantes más jóvenes pueden necesitar ayuda de un adulto para entender ciertas frases.
Los resultados dependen de la sinceridad. Los adolescentes pueden dar respuestas "socialmente deseables" o exagerar por rebeldía. Es vital realizar el test en un ambiente de confianza, viéndolo como autoconocimiento y no como una crítica.
Las preguntas están adaptadas a situaciones cotidianas de niños y jóvenes (escuela, amigos). El lenguaje es más sencillo y los baremos de puntuación consideran la inestabilidad emocional propia de la pubertad.